Libro: La cicatriz de Ulises
- 11 feb
- 2 Min. de lectura
Fuente: ACEPRENSA
Autor: Erich Auerbach
Editorial: Acantilado.
Género: Ensayo

Mímesis, la obra que Erich Auerbach (1892-1957) publicó en 1949, transformó por completo el panorama de la literatura comparada y exploró, de un modo que después han aprovechado otros, la forma en que los libros dejan traslucir la vida. Sorprende saber que su autor escribió ese caudaloso ensayo sin apenas acceso a las fuentes, en Estambul, lugar al que huyó desde Alemania tras el ascenso de los nazis al poder.
Auerbach, sin embargo, fue algo más que un filólogo: se descolgó por las laderas de la filosofía de la cultura y, nutrido en las aguas de Dante, Montaigne o Vico, reivindicó un humanismo de factura universal. Sabía que muchos sueños se han esculpido en letras y que solo una cultura más acendrada, y verdadera, puede salvar al individuo de la barbarie. Este volumen de Acantilado, con textos dispares y cartas variadas, muestra que el pensador alemán –sabio y exquisito, aventurero de lenguas muertas– era alguien que sabía leer con perspicacia, pero asimismo también contemplar la riqueza a la que la literatura se dirigía.
El capítulo principal es el que da título al libro y que, a su vez, aparece como primera parada en Mímesis, precisamente. Con una inteligencia tan aguzada como vastamente erudita, confronta el autor el mundo mitológico y plano de los bellos poemas de Homero con la insondable complejidad de la Biblia. En ella descubre Auerbach la pretensión de contar una historia única, de expresar, en fin, la verdad definitiva. A la leyenda griega, responde el judeocristianismo con un libro que es, al tiempo, memoria y promesa.
Resultan de interés también, claro está, sus consideraciones sobre la irrupción del hombre de letras, y es suficientemente elocuente del nervio que atraviesan estas páginas que el lector se sienta conminado a abalanzarse sobre la Comedia nada más leer la parte dedicada a Dante. Desde el punto de vista intelectual, se descubre la preocupación de Auerbach por la filosofía de la historia y hasta qué punto la clausura de la trascendencia aboca al más gélido de los nihilismos.
Finalmente, las cartas –a sus maestros, a Walter Benjamin o a Martin Buber– revelan la tragedia vivida por muchos intelectuales y académicos judíos cuando la vesania se desató en el país de la cultura y la erudición. El humanismo, a decir de Auerbach, es el paraje al que el ser humano puede retirarse, solitario, cuando los bárbaros asoman por la esquina.




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