Paloma Doménech

Paloma Doménech

Al habla con… PALOMA DOMÉNECH

Psicopedagoga; especialista en Psicoterapia Sistémica de pareja y de familia. Orientadora Familiar. Está casada y es madre de familia numerosa.

Tal como se hace mención en el apartado de “Noticias”, en el último PAMOF, Paloma impartió una conferencia a los moderadores del FERT.  Por tal motivo, nos ha parecido oportuno entrevistarla en esta sección de nuestro boletín informativo.

¿Cómo conociste la Orientación Familiar? Muy jóvenes, a través del colegio en el que yo trabajaba entonces. Hicimos nuestro primer COF poco antes de casarnos. Lla verdad es que hacerlo nos ayudó a aunar miradas y ser conscientes de las expectativas que cada uno teníamos y de darnos cuenta de cómo debíamos “construir” si queríamos ser protagonistas activos de nuestro matrimonio. Nos dimos cuenta de que teníamos que hacer de un TÚ y un YO un NOSOTROS, pero respetando a la vez nuestra idiosincrasia, nuestras diferencias, nuestra independencia psicológica.

Aunque también has moderado sesiones en Cof´s del FERT, tu especialidad se ha centrado en la Terapia familiar y de Pareja. Como experta en la materia. ¿En qué medida el amor de la pareja en su matrimonio, se refleja en la educación que reciben los hijos?  Moderar un caso es muy diferente a hacer terapia.  Los casos sirven de mucho, esa es mi experiencia como participante y como moderadora.  Son muy útiles porque hacen hablar mucho al matrimonio, te ayudan “ver”, a ponerte en la piel de sus protagonistas y sirven de reflexión para tu propia vida ya que ayudan a anticipar, reflexionando sobre cosas que todas las familias viven en uno u otro momento de sus vidas.  Y efectivamente, el amor de los padres influye poderosamente en la formación de los hijos; ellos se nutren de él.  Se lo proporcionan al mostrar su amor que se refleja en mil acciones, en las que ni reparamos; en cómo se hablan, en cómo solucionan sus conflictos, en cómo disfrutan e interpretan las vivencias cotidianas, en cómo se escuchan y en cómo comparten… todo esto va dando atribuciones de significados, seguridad o inseguridad… y se va diseñando de ese modo su personalidad, su manera de “ser ante el mundo” en sus relaciones intra e interpersonales

¿Qué importancia das a la comunicación conyugal?  Toda relación es esencialmente comunicación; es imposible no comunicar.  En la comunicación matrimonial debe existir un gran equilibrio entre el hablar y el escuchar y, no solo se escuchan palabras.  La convivencia está llena de gestos y cada uno de ellos es ya en sí comunicación.  Nuestro estar y hacer ya habla y, no es siempre un lenguaje consciente pero es un lenguaje, en ese silencio o en esa mirada, ya comunicamos.  Por otra parte. es importante saber que en muchas ocasiones si sabemos escuchar, podemos aprender a “ver” lo que “el otro” nos muestra y entender que con su queja o con su enfado, o con sus silencios tan llenos de gestos, nos está mostrando lo que en realidad anhela.

De tu experiencia profesional ¿Qué se puede aconsejar a un matrimonio que empieza a dar síntomas de posible ruptura?  Hoy día hay varios tipos de modelos de amor que coexisten. Y con frecuencia no somos conscientes de ello. Por otro lado, las personas no siempre somos iguales, cambiamos. Las vivencias nos hacen evolucionar y la pareja no siempre lo hace a la vez ni en el mismo sentido, influyen muchos factores.  Las crisis también matizan, posibilitan los cambios, permiten mutar, crecer y/o morir.  Las familias pasan por ciclos vitales y constantemente se hace necesario re-adaptarse a esos ciclos evolutivos de la vida y de la familia.  Hay que ver las crisis como ajustes adaptativos a cada etapa de la vida.  Una crisis no es un fracaso, es una ocasión de crecer, se fracasa si no se sabe afrontarla unidos.  Se trataría básicamente de legitimar y favorecer el respeto mutuo y ajustar las diferencias de estilo de cada uno de la pareja intentando que las interacciones positivas sean mayores que las negativas.  Para ello se necesita avanzar en complicidad, y para crearla hay que lograr saber lo que le agrada y le desagrada de nuestro comportamiento verbal o no verbal a nuestro cónyuge, ya que las personas creamos unas expectativas, unas  reacciones según la actitud que nos provoquen los gestos y palabras del otro.  Hay que ajustar las expectativas de la relación dando nuevos refuerzos que cambien la mirada y/o nuevos significados a lo que ha pasado y se ha vivido de formas diferentes.

¿Qué aspectos de la formación de los hijos deben cuidar especialmente los padres, para que en su momento, éstos sean capaces de orientar con acierto su futuro matrimonio?  Quererse con amor humano pleno. Que los hijos vean su amor en el día a día, que vean cómo están ilusionados, cómo se ayudan, cómo se comprenden aunque sean diferentes, como negocian, cómo se ponen de acuerdo.  No hace falta que vayan siempre de la mano sino que sepan hacer equipo teniéndose en cuenta. Los hijos pueden ver dos tonos en los padres pero un mensaje y una voz coherente, consistente, equilibrada.  La parentalidad se construye sobre una conyugalidad viva, conservada, en la que los esposos se reencuentran y se redescubren aceptándose mutuamente, no al contrario.  Con todo ello los hijos tendrán ante sí un marco de referencia en el que apoyarse ante el descubrimiento del amor humano  ¿no es esta una responsabilidad atractiva y grande?