Autoridad de los padres

Autoridad de los padres

En la última sesión del curso Primeras Decisiones, se toca el tema de la autoridad de los padres y de la conveniencia de poner límites o fijar normas en casa para forjar el carácter de los hijos. En la escuela Airina, este tema suscitó mucho debate y fueron muchas y muy buenas las aportaciones de los participantes. Diego Almendáriz, en su speach final, dio mucho contenido y conclusiones finales muy prácticas.

A este respecto, el filósofo Andrew Mullins, transmite a los padres las siguientes ideas: “El buen carácter requiere un gran despliegue de virtudes o, por decirlo de otro modo, el cultivo de aquellos hábitos que nos ayudan a gestionar nuestras emociones inteligentemente, a considerar a los demás, y a discernir con clarividencia y acierto lo que está bien de lo que está mal. Inculcar estos buenos hábitos en los hijos es un desafío, aunque difícil, ineludible para los padres. De modo que comparto aquí una serie de sucintas notas, a mi juicio inspiradoras, con la esperanza de que resulten de utilidad en el desempeño de semejante tarea.

  • La unidad entre los esposos –la defensa de los mismos puntos de vista y postulados– contribuye de forma significativa a desempeñar con éxito su tarea como padres. En la Odisea, Homero escribió: “No hay nada mejor ni más útil que marido y mujer gobiernen su casa guiados por el mismo parecer”.

 

  • El conocimiento de uno mismo, de las propias fortalezas y debilidades, y el reconocimiento honesto de las faltas y de los errores cometidos, resulta imprescindible. Los niños perciben la hipocresía muy agudamente.

 

  • La dedicación, el esfuerzo generoso, la ayuda al cónyuge para aliviar el peso de sus cargas, es otro ingrediente fundamental.

 

  • Rapidez a la hora de identificar en los niños patrones de comportamiento, tanto positivos como negativos, y presteza para intervenir en caso de que se intuya en los negativos el nacimiento de malos hábitos y vicios. “El carácter del joven es blando como la cera para inclinarse a los malos hábitos”, decía en boca de un viejo soldado romano el poeta Horacio.

 

  • Conviene tener siempre bien presentes los objetivos últimos de la educación. Cualquiera que sea nuestro temperamento, o el de nuestros hijos, todos necesitamos virtudes. “No hay oro en el mundo que valga tanto como la virtud”, nos enseñó Platón.

 

  • La importancia de las virtudes cardinales. Las virtudes cardinales no son un listado de disposiciones arbitrarias o aleatorias; apuntalan los poderes del alma necesarios para dominarnos a nosotros mismos y disponernos al bien.
  • La comunicación franca y cordial con los hijos –no sólo es cuestión de hacer con ellos, sino de hablar con ellos de forma recurrente– es otro recurso necesario.

 

  • Los padres, durante los primeros años, han de guiar a sus hijos hacia la fortaleza y la templanza. Es imprescindible que resuelvan sus propios problemas, que enmienden sus propios errores. La sobreprotección no hace sino perjudicarlos.

 

  • La obediencia como prueba de amor. Cuando los niños, de pequeños, atienden las razones de sus padres y los obedecen, se preparan para obedecer en el futuro las suyas propias.

 

Andrew Mullins es doctor en Filosofía por la Universidad de Notre Dame, Australia.

Artículo publicado en la revista “Familia y Cultura”, IFFD 2020