Montse Febrer

Montse Febrer

Al habla con…     MONTSE FEBRER

Montserrat Febrer Ramo, abogada, casada con Carlos y madre de seis hijos, cuatro de ellos universitarios. Es Orientadora Familiar desde hace varios años e imparte sesiones sobre la educación de la voluntad y la comunicación.

1.- ¿Cómo llegaste a la Orientación Familiar?

Después de haber asistido a diversos cursos y comprobar sus beneficios en tantas familias, acogí de buen grado el reto que me lanzó Aureli Villar al término de una sesión en el Colegio Pineda. De eso hace ya varios años y estoy muy agradecida, porque es muy enriquecedor; por un lado, el FERT procura la formación de los moderadores como un requisito previo a la tarea que desempeñan; por otro, se aprende mucho de los distintos enfoques y aportaciones de los participantes.

2.- Impartes sesiones en diversos programas, ¿cuál de ellos prefieres? Tengo predilección por el programa de Primeros Pasos; me encuentro muy a gusto con madres y padres jóvenes que tienen un entusiasmo especial y ponen una ilusión tremenda en la educación de los niños desde el primer momento. Pero es indudable que son los programas de Amor Matrimonial los que asientan verdaderamente las bases de una familia, fortaleciendo la armonía conyugal que revierte en todos los aspectos de la convivencia familiar y muy concretamente en la formación integral de los hijos.

3.- ¿Qué destacarías de la experiencia de participar en Paraules d’Amor, el programa de Orientación Familiar del FERT en Ràdio Estel? Entiendo que es una experiencia muy positiva, por supuesto. Es un rato de conversación amable y contrastada entre personas de diferente formación académica y dedicación profesional, que abre la propia mente para considerar los temas desde nuevos puntos de vista y sin duda permite que los distintos temas de orientación familiar lleguen a los oyentes de modo ameno y distendido.

4.- Actualmente desarrollas una intensa vida profesional, pero con anterioridad te dedicaste de forma exclusiva a la atención de tu familia. ¿Cómo crees que ha influido esta decisión tuya en cada uno de esos ámbitos?  Efectivamente, así fue durante los primeros quince años de matrimonio. Me considero afortunada de haber podido dedicarme todo ese tiempo de modo prácticamente exclusivo a mi familia y a cada uno de sus miembros. Veo esos años como una inversión acertada, también a nivel personal y concretamente “curricular” en sentido amplio, pues creo que influye positivamente en la vida profesional posterior. La educación de los hijos, conocer sus caracteres y temperamentos, sus sentimientos y emociones, y ayudarles para que hagan rendir sus capacidades, acompañándoles mientras aprenden a canalizar y orientar todo eso de modo positivo en su día a día, proporciona amplios conocimientos –aplicados- de psicología, de pedagogía… Llevar una familia es un verdadero “máster” interdisciplinar. La experiencia que se adquiere va más allá de cualquier plan de estudios: aprender a gestionar todos los aspectos del hogar, optimizando los recursos disponibles de todo orden; organizarse de forma autónoma, sabiendo marcarse los propios plazos y objetivos y evaluar los resultados; dominar situaciones de estrés, empezando por el propio; saber priorizar; aprender a delegar, consiguiendo que cada uno se responsabilice de aquello que le compete. Además, en cuanto la edad y las circunstancias de los niños lo permitan, es posible dedicar un tiempo a ampliar estudios, hacer rendir capacidades artísticas o literarias, aprender idiomas… Recuerdo un día, en unos cursos de inglés a los que asistí mientras mis hijos estaban en el colegio. En un intervalo entre horas, me quedé leyendo unos textos; una compañera me dijo, amablemente: “¡Qué trabajadora!”. A mí me hizo mucha gracia. “No, si estar en clase para mí es un regalo; yo, el trabajo, lo tengo en cuanto llego a casa”.

5.- ¿Cómo ves en el futuro la Orientación Familiar, en un mundo globalizado? Esencialmente igual, en lo fundamental. Lo verdaderamente importante es la reflexión personal, el diálogo entre los cónyuges y el intercambio de ideas entre matrimonios. Esto se mantendrá inalterable aunque varíen, y mucho, los medios técnicos empleados, el modo de organización o el número de países donde se impartan los cursos. La Orientación Familiar es, en efecto, “familiar” también en el sentido de que depende de la propia familia –y muy especialmente, del matrimonio- ese “mover voluntades” para reforzar o cambiar actitudes, que es necesario para alcanzar la vida lograda a que aspira la familia para cada uno de sus miembros.