La pertenencia a un grupo

La pertenencia a un grupo

La pertenencia a un grupo en la adolescencia: ¡son mis amigos!

 “Quien tiene un amigo tiene un tesoro”, dice el refrán y más si de quien hablamos es un adolescente pues, lo queramos o no, en esta etapa la influencia de los amigos sobre nuestros hijos es muy importante.

La pandilla de amigos juega un papel vital en el proceso de socialización del adolescente, pero también puede tener sus riesgos. Debemos enseñarle a decir que “no” cuando sea necesario, pero sin pretender que nuestro hijo se niegue por sistema a lo que no le guste de los demás. Así perdería a sus amigos.

La pertenencia a un grupo en la adolescencia: la pandilla de amigos

Con la adolescencia irrumpe con fuerza en la vida de nuestro hijo “la pandilla”, con la que comenzará a salir en su tiempo libre. Dentro del grupo aprende a vivir en sociedad y a diferenciarse del resto. Pero a veces la pandilla de amigos influye sobre el adolescente más que sus propios padres, ya que todos sabemos que cuando se va en grupo nos comportamos de manera distinta que en solitario.

Es a partir de los doce años cuando nace la tendencia a buscar la amistad a través de las pandillas, que surgen de muchas maneras: en torno al mundo escolar, por la cercanía de viviendas en el barrio, con los compañeros del equipo de fútbol o baloncesto, etc. De las pandillas, de forma progresiva, irán naciendo relaciones más profundas: los amigos.

Líderes y villanos dentro del grupo en la adolescencia

La pandilla de amigos tiene sus ventajas e inconvenientes. Uno de los riesgos de estos grupos de amigos es cuando no sabemos bien quiénes son los otros chicos que la integran y si no tenemos en cuenta las características propias de nuestro hijo. El peligro radica en que en estas edades se tiene la necesidad de buscar modelos, líderes y héroes.

Dentro del grupo se produce una unificación de la conducta, todos tienden a actuar en una misma dirección, a hacer las mismas cosas. Se necesita la fuerza que dan los amigos ya que los adolescentes por sí solos son inestables, por lo general. Cuando alguno de los amigos (uno o más de uno) destaca por una personalidad más fuerte, el resto del grupo le seguirá e imitará. Si el líder es una persona sana, todos los amigos del grupo disfrutarán de una de las mejores experiencias de su vida: un verdadero grupo de amigos.

Sin embargo, existe un peligro real cuando el líder, o los dos o tres amigos con más personalidad, sólo se preocupan de divertirse a toda costa, no estudian, etc. En grupos como estos, nuestro hijo no se divertirá en absoluto: bromas absurdas, siempre al límite, hacer lo que hacen todos… Si hablamos con él quizá se dé cuenta de que lo mejor es que cambie de amigos, pues debemos hacerle entender que esas malas influencias no merecen la pena.

Envalentonados por los amigos

La influencia de los amigos en la pandilla o fuera de ella puede llegar a ser muy poderosa. De hecho, es un factor comprobado que las pandillas constituyen uno de los terrenos mejor abonados para la propagación de cualquier clase de adiciones, como el tabaco, la droga o el alcohol, por ejemplo. La razón es simple, los mecanismos de presión de la pandilla son muy fuertes, sobre todo cuando el chico o chica carece de unos buenos resortes de defensa. Si durante los años anteriores se ha encontrado todo hecho, tenderá a que sea el grupo el que decida por él ahora.

Los amigos dentro de la pandilla juegan con su capacidad para crear sentimientos de seguridad o de inseguridad y para aislar o rechazar al que no siga las reglas del juego. A la vez proporciona la “valentía” que emana de la fuerza del grupo para experimentar lo prohibido o lo que individualmente no se sentirían capaces de realizar. El grupo “envalentona”, impide reflexión individual, justifica lo injustificable y hace que se diluya la responsabilidad personal. Ninguno quiere aparecer como cobarde, ser “menos” que los demás. Las risas, las burlas de los otros pueden llegar a ser una poderosa arma para doblegar la voluntad de los reacios.

Chicos con personalidad

Es difícil que nuestro hijo se mantenga siempre al margen de este tipo de influencias. Ni en el caso de que conozcamos a todos los amigos de nuestro hijo podemos permitir que no esté bien preparado para hacer frente a situaciones de peligro. Aunque confiemos en él, todos tenemos la experiencia de que dentro del grupo nos portamos de otra manera que fuera de éste.

Hay que enseñarle a decir que “no” cuando sea necesario, que tenga claro en qué tres o cuatro situaciones importantes no debe ceder. Es cierto que no podemos pretender que nuestro hijo se niegue por sistema a lo que no le guste de la pandilla, pues así perdería a sus amigos. Pero sí que debemos hablar con nuestro hijo para ayudarle a fijar y no transigir en los pocos puntos “innegociables” y saber amoldarse al grupo en lo secundario, en lo que solo es cuestión de gustos: si pizzería o hamburguesería para merendar, si jugar al fútbol o al baloncesto, si la excursión es en bici o de senderismo… En la adolescencia se debe tener claro el peligro de los vicios, el valor de la sexualidad humana, la importancia de la verdadera amistad, que divertirse no es hacer el gamberro…

La pandilla de amigos: se aborregan para bien y para mal

Los amigos, dentro de la pandilla, se animan unos a otros para actuar de determinada manera. Por lo tanto, tendremos que procurar que nuestros hijos se muevan en un ambiente sano, pues es de éste de donde se fraguarán sus futuros amigos y miembros de su pandilla. Así, del mismo modo que es más fácil portarse mal en grupo si la mayoría o el líder se presta a ello, también es más sencillo comportarse bien si todos los amigos de la pandilla son chicos sanos, con buenos criterios.

Es fundamental que los padres sigamos de cerca el tipo de relación que durante los años anteriores tiene nuestro hijo con sus compañeros de juego, qué amigos tuvo y con quiénes se junta ahora. Los padres si queremos tener la sartén por el mango podemos influir desde el principio  -sin entrometernos abusivamente- para ayudar al adolescente a elegir sus amigos, pero sin olvidar que son ellos los que haciendo uso de su libertad deben elegir con quiénes disfrutar en su tiempo libre.

Mi hijo cae mal a sus amigos

Hay adolescentes que no gustan, a los que siempre se les excluye del grupo o cuya compañía se evita; son los que no poseen ni una sola de las gracias que caracterizan al líder sino que, por el contrario, repelen a los demás con su forma de actuar. Algunos son engreídos y llaman constantemente la atención hacia su persona.

Otros se muestran agresivos, siempre están a la defensiva, trasmiten hostilidad y la provocan al mismo tiempo; tienden a interpretar de forma errónea cualquier situación social en la que, para no ser atacados, atacan primero. Los hay aburridos en extremos, carentes de entusiasmo, apáticos, tienen embotada la capacidad para divertirse y siempre se empeñan en aguar la fiesta.

Los especialistas aseguran que la mayoría de los adolescentes que caen mal carecen de autoestima, suelen fracasar en sus empeños y sufren serios problemas de confianza en ellos mismos. Por ello, conviene que los padres animen al hijo a crear líneas básicas de comunicación y respeto con sus semejantes, que estimulen su capacidad para cooperar e ilusionarse, que le ayuden a sentirse útil y válido. En ocasiones, la intervención de un terapeuta puede resultar de gran provecho.

Fdo. Ramón Cabello

Fuente: Hacer Familia