Contxita Robles

Contxita Robles

Al habla con… Contxita Robles Perea

A pesar de llevar solo dos años moderando casos, por ganas y preparación, Contxita es ya un firme puntal en el equipo del FERT. Es farmacéutica, ha cursado el Postgrado de Matrimonio y Educación Familiar (MEF) en UIC Barcelona. Está casada y es madre de dos hijos.

¿Cómo fue tu conexión con el FERT?

Mi esposo y yo asistimos a un COF de adolescentes que nos dejó impresionados por la manera de enfocar la educación y nos gustó mucho. Esto despertó mi interés por la Orientación Familiar. Un tiempo después, una amiga me animó a realizar un PIMOF (programa de formación de nuevos moderadores) y tras recibir el correspondiente asesoramiento del FERT, inmediatamente empecé a impartir sesiones.

Desde tus inicios has estado moderando casos sobre la educación sexual y afectiva en los programas de “Adolescentes” y Preadolescentes”. ¿Crees que actualmente los padres están dando toda la importancia que merece este tema para la educación de sus hijos?

Actualmente, en la sociedad frenética en la que vivimos, en ocasiones la prisa o la monotonía del día a día, impiden percibir con nitidez, aspectos y señales importantes del comportamiento de nuestros hijos. En algunos padres, se produce -desde el punto de vista de su responsabilidad educativa- una “siesta de siete años”: desde que el hijo aprende a atarse los zapatos, hasta que de pronto aparece como un desconocido que lo cuestiona todo y se rebela ante cualquier indicación que procede de sus padres o educadores.

¿Qué aspectos educativos a tener en cuenta, destacarías para cada una de estas dos etapas educativas?

De un modo general, hemos de considerar siempre a nuestros hijos individualmente -uno a uno-, teniendo en cuenta su respectivo grado de madurez evolutiva, evitando que resulten precoces o “niñoides” y adaptando la información y criterios educativos que les demos, al entorno que les envuelve.

En la preadolescencia hay que empezar a respetar los silencios, y enseñar a vivir la virtud del pudor (ese sentimiento que mueve a ocultar o evitar hablar con otras personas sobre ciertos sentimientos, pensamientos o actos que se consideran íntimos), que salvaguarda nuestra intimidad, tanto la corporal como la afectiva y la racional.

La educación sexual en la adolescencia no debe estar presidida por el sentimiento sino por la voluntad, que debe dirigir nuestros actos a través de la vivencia de aquellas virtudes íntimamente relacionas con el amor humano como la generosidad, la fortaleza o el respeto.

¿Qué repercusiones puede tener en los hijos, el hecho de haber recibido una buena o mala orientación del amor humano, para su vida de adultos?

La misión de educar a nuestros hijos es formar adultos responsables, capaces de dirigir su vida con coherencia. Educar no es amaestrar, es dar pautas para poder tomar decisiones correctas y adecuadas. Un joven bien formado será un adulto responsable con capacidad de llevar una familia adelante y contribuir a una sociedad bien estructurada y con principios sólidos.

La educación de la afectividad la tratamos desde las vertientes de educación de sentimientos y de la sensibilidad. Cuando no se recibe una buena orientación del amor humano, no se tiene la consideración de que hombre y mujer son ante todo personas, no objetos y por tanto la relación entre ellos no es sólo biológica o material sino afectiva e intelectual y está orientada a un amor fecundo.

En un mundo donde los cambios se producen a velocidades vertiginosas ¿Cómo ves el futuro de la Orientación Familiar? La Orientación Familiar es en sí la solución Es una herramienta idónea para ayudar a la formación de los hijos, y eso es tanto como mejorar la sociedad.